Introducción a Julio 2016

En este mes de julio Ideas Presentes trae para ustedes los siguientes tres textos: Por parte de nuestra colega Deise García Niño presenta los postulados del filósofo Italiano Giambatista Vico quien estableció la teoría de la historia a partir de  los “Principios de una Ciencia Nueva”,  ¿Qué es lo que propone y qué significó la historia humana para el filósofo jurista? son algunas de las interrogantes que nos expone: Teórico de la historia: Giambattista Vico.

Por otra parte tenemos la reseña  de Topografías de las violencias. Alteridades e impasses sociales, de Bercovich, Susana; Cruz, Salvador”, realizada por el colega Antonio Balderas, en la cual pone énfasis en la manera de pensar y repensar la violencia que recubrió principalmente en los años noventa en Ciudad Juárez. Este texto invita a conocer las clasificaciones del feminicidio, género, clase social, origen, estéticas, mismidad, identidades transmediadas, sexismo hípster, machismo light; a su vez, busca responder ¿Cómo entender las violencias? Y ¿cómo entender las formas de las violencias?

Finalmente por parte de la colega Guadalupe Angulo Valencia nos presenta “Vicent Van Gogh y su locura por el color”. Escrito que ubica a Van Gogh dentro del postimpresionismo  del siglo XIX, cuando se buscaba que el color fuera representativo y subjetivo y que el artista pudiera plasmar su psicología en el cuadro. Este texto es una invitación a la semblanza, a las experiencias personales que pudieron acentuar su carácter melancólico y depresivo, ¿De qué otros artistas tomó influencias? y ¿De qué manera se apropió de los distintos estilos que fue adoptando durante toda su carrera?

Ideas Presentes agradece su atención y los invita a seguir publicando para el siguiente mes de agosto. Les deseamos felices vacaciones.

Teórico de la historia: Giambattista Vico.

Deise García

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Universidad Autónoma de Baja California

Lic. En Historia


Resumen 

Grandes filósofos, historiadores y sociólogos como Karl Marx, Auguste Comte, Hegel, etcétera, han desfilado en la teoría de la historia. No se puede negar que por más pequeña que sea la atribución ésta es importante. De ahí que se quiera dar a conocer al filósofo Giambattista Vico, un poco de su vida, así como la que es considerada su más grande obra Principios de una Ciencia Nueva, y darle la importancia que merece pues es él quien le dio a la historia un lugar privilegiado en las ciencias dado que es el creador de la teoría de la historia.

Palabras clave: Historia, Providencia, Ciencia Nueva


Giambattista Vico

Giovanni Battista Vico nació en la ciudad de Nápoles al sur de Italia en 1668 y allí mismo murió en 1744. Le tocó vivir entre el siglo XVII y XVIII. Cuando era pequeño tuvo un accidente, así que quedó cojo y necesitó la ayuda de un bastón. Estudió filosofía escolástica y derecho. Toda su vida esperó tener la cátedra de jurisprudencia, sin embargo nunca lo logró. En 1699 obtuvo la cátedra de retórica en su universidad. Su obra más importante fue Scienza Nuova (Ciencia Nueva) la cual se basó en los pensadores del siglo XVII principalmente con Platón, Tácito, Bacon y Grocio.

     Criticó a la escuela cartesiana y al mismo René Descartes, quien afirmaba que todas las ideas eran la base de lo científico y lo geométrico, un método rígido. De ahí que todas las verdades se dan a base del estricto razonamiento deductivo. Pero para Vico esto no era posible pues aclara que hay campos como la historia, el derecho, la poesía, la retórica, etcétera, que no pueden explicarse con un método o regla estricta, sino con una lógica o experiencia, campos que hoy se conocen como humanistas. Para él la historia es “la reina de todos los estudios que se ocupan de la realidad del conocimiento de lo que hay en el mundo.”

     La Historia aborda el pasado de los seres humanos, sus experiencias y acciones, al saber todo esto puede enlazarnos con el pasado para comprender mejor el presente que se está viviendo. Aun siendo filósofo jurista le dio un lugar primordial a la historia para poder entender ese espacio que rodea al hombre.

Principios de una ciencia nueva

Principios de una Ciencia Nueva representa el esfuerzo por esclarecer y dar una explicación de la historia humana y las etapas del desarrollo social; en ella expresó la idea de que la historia y la temporalidad histórica son producto de la subjetividad humana. La objetividad pura no es posible y más aun en la historia, porque está hecha por el ser humano, por lo tanto siempre se tendrán diferentes puntos de vista aunque se trate de un mismo objeto o suceso. Vico tenía esta idea muy presente, se opuso al método cartesiano, es notable que el científico no pueda resolver todo de ahí la participación de la historia.

Providencia

Otro aspecto importante para comprender la historia es la providencia, “el primer principio de las naciones.” La  idea es que el trabajo realizado por el hombre es permitido por lo divino; la providencia es la arquitecta de ese mundo de naciones. Comparte una similitud con la visión del cristianismo, ambos afirman la idea de un solo Dios como protagonista, mientras que el hombre es instrumento para realizar acciones positivas o negativas. Por lo cual la historia estudia a la sociedad, no una persona aislada. Sin la providencia no hay progreso; sin plan divino no somos nada.

Historia ideal eterna (storia ideale eterna)

La historia es para él  un proceso guiado por la providencia que trabaja a través de las capacidades de los hombres y de su manera de sentir y actuar. Esto da pauta para cuestionarnos ¿Se opuso a la razón? Aunque lo pareciera, no es así, pues no se negaba a perder la inteligencia intuitiva.

     Su historia establece un orden a través de los ciclos históricos que bien puede encontrar su alegoría con una rueda de la fortuna, ¿Qué similitudes pueden tener? Pues bien, la historia de cada país tiene su progreso, equilibrio, decadencia y un final, de este modo en la historia no se tiene un cierre total y sí un progreso en ella; se marca la diferencia entre esos hechos mediante el espacio y el tiempo. Vico aclara que no es un modelo que las comunidades humanas repitan, sino un orden que se manifiesta cuando estas se desarrollan.

…“El hombre siempre es capaz de aprovechar la experiencia adquirida por eso cada ciclo supera en alguna forma al anterior.”

Este punto se puede notar claramente si tomamos como ejemplo el surgimiento de las civilizaciones de Mesoamérica o las culturas de la antigüedad, como los fenicios, persas y sobre todo los romanos; todas tiene un inicio, después un esplendor y al final una decadencia, dando pie a una nueva civilización.

   Entonces, su objetivo es demostrar que en la historia —particularmente en la Antigüedad clásica—, se dieron procesos de avance y retroceso a lo que llamó Corso y Ricorso. “Avances” porque pueden alcanzar un alto nivel cultural y “retrocesos” porque una vez que estén en la cima pueden caer ante un desastre hasta desaparecer. Por ello la humanidad pasa por tres Estadios o fases históricas: el primer estadio es el divino o conocimiento teológico; el segundo es el heroico, dominado este por la mitología y los héroes, la edad media cristiana (siglo V hasta  XV); y finalmente la humanidad en donde predomina la razón y el hombre. Es ahí donde se repite la historia, así mismo hace una relación con las etapas de la humanidad donde el individuo pasa por la niñez, la adolescencia y por último la edad adulta. Son estos estadios los que realmente toman un papel de “repetición”. Sin embargo, la historia jamás se repite, pues en cada retorno toma una forma distinta de las anteriores. La historia crea continuamente novedades y su movimiento es en espiral, así que más que cíclica su forma es realmente en espiral tal y como Sonia Corcuera expresa: “No es cíclicamente porque nunca se vuelve al pasado, pues volverá otra vez, bajo forma y nivel distinto a tener un lugar en el futuro.”

   Vico fue el primer filósofo de la historia; dejó en claro su postura encontrada con los ilustrados del siglo XVIII que defendieron una teoría lineal del tiempo. En resumen, la comprensión de la historia tiene que ver con lo cíclico, pero realmente el modelo se presenta en lo espiral. Giovanni Battista Vico un filósofo que le da crédito a la historia.

Conclusión

Mucho se ha dicho realmente que Vico realizó una teología razonada, pues como se pudo notar en el texto, había una gran conexión entre el razonamiento y la providencia. Esta última es la principal fuente de sabiduría para él, y no es de extraño, pues vivió en la parte norte de Italia donde la iglesia desempeñaba un papel importante.

    Su obra Ciencia nueva, aporta el proceso de la forma cíclica, pero más de forma espiral, es así realmente como sucede el proceso de la historia. Aunque no se quiera aceptar, en todas las naciones o sociedades hay un avance y retroceso (Corsi y Ricorsi), como se explica en el texto.

   Por último, hay que resaltar que Vico es el creador del historicismo moderno, es él quien le da valor a la historia como fuente de realidad. Su pensamiento fue avanzado para su época y lo que propone de su teoría cíclica es razonable.


Bibliografía 

Berlin Isaiah. Vico y Herder. Dos estudios en la historia de las ideas. Traducción de Carmen González del Tejo. Cátedra.  Madrid. 2000. Pp. 271.

Corcuera de Mancera, Sonia. Voces y Silencio en la historia siglos XV y XX. Fondo de Cultura Económica. México 1997.Pp. 414.

Principios de una Ciencia Nueva en torno a la naturaleza común de las naciones. Traducción de José Carner, Fondo de Cultura y Economía. México. 1981. Pp.

Walsh, W.H, Introducción a la filosofía de la Historia, Capitulo 1 ¿Qué es la filosofía de la historia? Traducido por Florentino M. Torner, 3ª edición, Siglo XIX, México, 1971. Pp. 4-26

Historiografía: La Invención de la Memoria Bitácora de teoría de la historia (recuperado el día 12 de mayo del 2013) disponible en: http://mariocancel.wordpress.com/category/providencialismo/

Reseña a la obra “Topografías de las violencias. Alteridades e impasses sociales”, de Bercovich, Susana; Cruz, Salvador (coord.)

José Antonio Reyes Balderas

Universidad Autónoma de Baja California

Facultad de Humanidades y Ciencias sociales

Lic. en Historia

8vo. Semestre


topografiasA partir de los noventas, en México, la ola de violencia se recrudeció en diversos puntos del territorio; a tal grado que como lo menciona Monárrez, “hablar de violencia extrema en el orden mundial remite invariablemente al espacio geográfico de Ciudad Juárez, Chihuahua, México.” Es decir, Juárez se asociaría directamente con la violencia extrema, por encima de estados como Sinaloa o Guerrero. No era para menos, al haberse evidenciado ―de manera no oficial―, que estaban sucediendo actos de violencia en la modalidad de feminicidios, torturas, ejecuciones, etcétera, “en un contexto de ausencia de Estado y contienda bélica”.

La ausencia del Estado (en materia de justicia), no sería la única ausencia evidente en Juárez ya que de aquellas manifestaciones de violencia, cientos fueron las desapariciones de mujeres que lograron desafortunadamente ―mediante su muerte―, que el foco rojo comenzara a parpadear captando así la atención de medios de comunicación nacional e internacional.

El Feminicidio fue la manera en que se clasificó aquellas muertes en contra de mujeres juarenses (y no juarenses). Las diversas formas en las que se les violentó tenían como características principales la tortura y el abuso sexual. Rápidamente se volvería tema común el enterarse de “la aparición de cuerpos torturados, abandonados en lotes baldíos, basureros y cementerios clandestinos […] [con lo que] se inicia un foco de violencia.”

Esta situación propició que, a casi 20 años de los continuos sucesos en Cd. Juárez, surgieran inquietudes por entender y dar respuesta a aquella ola de feminicidios. Para tratar de entender la naturaleza de la violencia, se buscó responder ¿cómo entender las violencias? y ¿cómo entender las formas de las violencias? Estos cuestionamientos fueron el punto de partida para que en el 2011 se llevara a cabo el coloquio internacional “Vida y resistencia en la frontera norte. Ciudad Juárez en el entramado mundial”, organizado por El Colegio de la Frontera Norte (Colef) sede Noroeste, en conjunto con otras instituciones y cuyo producto se vería reflejado en la presente obra reseñada.

En Topografías de las violencias, de acuerdo a sus coordinadores Susana Bercovich y Salvador Cruz Sierra, “El tema central del libro lo constituye la violencia en sus diversas expresiones, desde la social más estridente hasta las formas más tenues, pero también letales.”La obra se conforma de 13 ensayos de diversos investigadores sociales distribuidos en cuatro áreas que se presentan más adelante mediante un análisis particular.

Género, clase social, origen, estéticas, mismidad, identidades transmediadas, sexismo hípster, machismo light, Estado adulterado, violencia institucional, entre otras, son parte de los conceptos que van construyendo el marco teórico en el que se sustentan algunos de los productos contenidos en el libro, inscritos en la metáfora de una topografía [des]dibujada por las irregularidades de la violencia.

Dentro del primer apartado Pensar la Violencia, encontraremos algunas propuestas que nos invitan a cuestionarnos la manera en que se piensa o debe ser pensada la violencia. Así por ejemplo, Françoise Dachet propone analizar –mediante ejemplos-, la narrativa en el discurso escrito y visual, relacionándolo con el psicoanálisis y las vivencias que se van reflejando en diversas etapas del ser humano, desde el nacimiento hasta su vida adulta, en la que afirma: “la vida no es acordada definitivamente con el nacimiento” y precisamente desde el psicoanálisis algunas de las formas de violencia hacia las mujeres se relacionan con el vínculo maternal que se cuestiona y se refleja en diversas situaciones.

Por su parte Susana Bercovich invita al análisis de las estéticas horizontales partiendo de la sentencia “Hay gustos que nos disgustan”, que ejemplificará al deconstruir el discurso en la obra de Sade para afirmar que dentro de él podemos encontrar figuras retoricas materializadas en “el par opresor-oprimido (que) es erógeno” y en “la figura víctima-victimario (que) hace vibrar”. A partir de esto, Bercovich menciona que existe una continuidad entre formas erógenas, políticas y de la violencia. ¿En dónde radica el disgusto o se trata de un disgusto disfrazado? Difícil entender esto, ya que al ser, de cierta manera, consumidores de esas manifestaciones sádicas, masoquistas, pornográficas, etcétera, se presentan enjuiciamientos diversos hacia las figuras de los pares arriba mencionados, pero donde la importancia de este fenómeno es el hecho de que la violencia genere un espectáculo consumible en sus variantes como el cine, la pornografía, las sex shop, donde la violencia se vuelve espectáculo, morbo y curiosidad.

En el apartado titulado Impasses sociales, Barrera realiza una interpretación a partir de comunidades alternas construidas como ciberespacios ―en este caso a partir del análisis de SecondLife―, en donde mediante identidades elaboradas a partir de avatares, se llevan a cabo relaciones sociales en mundos sociales goreanos, que de acuerdo a Barrera, se trata de una “variante patriarcal y misógina del sadomasoquismo en el que las mujeres son kajiras”,que en su mayoría se trata de hombres reales que construyen una identidad virtual contraria a su género, donde pudiera hablarse de una “transexualidad real-virtual”, en términos del autor. La intención aquí es hablar de identidades transmediadas por la virtualidad y los avatares en las que se reproducen las formas de interactuar en la comunidad “real”, por lo que surge el cuestionamiento ¿Cuál de las dos identidades es más real?, si se me permite expresarlo de esa manera.

En el apartado Cuerpos y espacios de la violencia, Valenzuela Arce menciona que el “temor y el terror” son las dos dimensiones en las que la felicidad se ha ido traduciendo de manera derivativa. Tomando como objeto de estudio a la juventud, cuestiona las formas violentas en que el Estado ha permitido que la vida de este sector de la sociedad de alguna manera adquiera carácter de “juventud expropiada”, para entender esto, el autor diferencia entre las muertes de jóvenes relacionadas ―supuestamente―, al crimen organizado y las muertes violentas que no tienen relación absoluta con el narcotráfico o crimen organizado, como ya se mencionó. Una de las causas podría ser la precariedad permanente en el país, económica y socialmente. La variable precarización conlleva a que miles de personas emigren hacia el norte del país, principalmente en la franja fronteriza, en este caso Ciudad Juárez.

Siguiendo la línea de la juventud, Cruz Sierra toca el tema desde una perspectiva de la juventud marginada (pobres o situación de calle), y las repercusiones de la violencia (homicidios), entre este sector masculino de la sociedad juarense. Mediante un ejercicio de análisis del discurso nos acerca a la vida personal, pública y privada de jóvenes sobrevivientes que narran sus experiencias como víctimas de la violencia social. En ésta intervienen entidades figurativas como el cuerpo, el espacio, la ciudad y la sociedad. La violencia, que se traduce en un clima de terror y crueldad, lleva al autor a cuestionarse acerca de “la capacidad de quienes realizan estos actos, […] la sociedad que los genera [y] los tolera”. Es así que mediante estas “memorias del dolor”, va reconstruyendo la forma de violencia y su relación con el cuerpo y el espacio, al mismo tiempo que cuestiona la manera en que las masculinidades juveniles se construyen en estas topografías.

Dentro del apartado Género y sexualidad, la autora Sayak Valencia presenta dos análisis para explicar la carga de violencia simbólica hacia las mujeres. El primero es un acercamiento a la cultura de los prosumers representados en la figura de los hípsters; y en el segundo examina cómo desde una cultura capitalista se rescatan y reproducen discursos machistas al estilo light, en los que el sexismo por parte de marcas como Coca-Cola o cerveza Tecate, reafirman y (re)posicionan la figura masculina y tradicional del “macho” por encima de una figura femenina infravalorada. En el primer caso Valencia presenta ejemplos tangibles en los que muestra como algunas marcas que diseñan prendas de vestir exclusivas para los hípsters, incluyen en las etiquetas de lavado, leyendas claras en las que se menciona por ejemplo las mujeres deben lavar la ropa, o el caso de algunas revistas como Vice en las que se resaltan los privilegios de la masculinidad. Respecto al machismo light se refiere a campañas de mercadotecnia, como la de Coca-Cola light, en la que claramente se transmite, por ejemplo, la idea de que un hombre, a pesar de tomar Coca-Cola light sigue siendo un “macho”, es decir, se podría hablar de una mercadotecnia dirigida a varones con clara subvaloración de las mujeres.

En este mismo apartado, Ortiz Aguirre aborda el tema de la agresión, la violencia y la crueldad, haciendo en un primer momento, una revisión etimológica de estos conceptos, para después analizar la situación de las mujeres infectadas con VIH, a partir del análisis del discurso obtenido de entrevistas a varones que son parejas de éstas, para tratar de determinar una relación entre los significados de los conceptos antes mencionados y su ejemplificación en las relaciones sentimentales entre ambos, así mismo presenta una serie de situaciones en la vida cotidiana de las mujeres infectadas en las que son víctimas de la violencia social o institucional. Y precisamente Ramos Lira retoma el tema para abordar la situación de las mujeres como víctimas de esta forma de violencia identificada como aquella que es permitida por instituciones de carácter público, y que se reflejan en violencias simbólicas o físicas. Un ejemplo de esta violencia es el sistema legal que discrimina de cierta manera a mujeres y niñas al no tener un alcance de protección social y física. Para entender la contradicción entre el discurso y la acción, la autora presenta ejemplos a partir de entrevistar a especialistas, que mediante sus respuestas busca una aproximación a evidenciar las formas de violencia institucional, en al menos cuatro entidades del país.

Resistencias y tensiones desde la literatura y la intervención cultural es el último apartado de la obra donde encontramos, en primer lugar, el tema de la violencia retomado desde la literatura ―de Roberto Bolaño―, éstees el referente analizado por David Kurnick, debido a que plasma la violencia de una manera alegórica en sus novelas a partir de comparaciones entre regímenes de crueldad como el nazismo o las dictaduras en América Latina.  Esta comparativa se verá reflejada en su novela 2666 dentro de la cual en el apartado “La parte de los crímenes”, Bolaño yuxtapone crímenes del nazismo con crímenes como el feminicidio en Ciudad Juárez.

Por su parte Gaspar de Alba presenta su ensayo partiendo de la cuestión “¿Cómo iba yo a escribir una novela detectivesca sobre los feminicidios en Juárez sin saber quién, realmente, estaba masacrando mujeres en la frontera?” para narrarnos de que manera fue que decidió llevar acabo esta intervención cultural de protesta y de concientización en torno a los feminicidios en Juárez. Al entender que los feminicidios son un caso sin respuesta, la autora decide invertir la lógica en la que en las novelas detectivescas el crimen siempre es resuelto, para presentar mediante la novela “antidetectivesca” la realidad de las muertas de Juárez.

Reflexiones finales

Topografías de las violencias, es un libro breve, con  un manejo del lenguaje claro y entendible para aquellos que no estén relacionados con el mundo académico. En él podemos recorrer la topografía irregular y distorsionada por el impasse de la violencia que lejos de disminuir, se reproduce y permanece. Es interesante conocer los nuevos aportes desde otras perspectivas de la violencia presentados por algunas de las/los autores.  Por ejemplo la aceptación de los gustos inconscientes de las violencias representadas en los pares opresor-oprimido y víctima-victimario;  la creación de ciberespacios que permiten invertir los roles de identidad transmediadas por la virtualidad a partir de avatares; así mismo propuestas novedosas como el sexismo hípster y el machismo light, y también análisis críticos como la juventud expropiada o la juventud violentada en espacios públicos a partir de condiciones marginadas y precarias, entre otros. En síntesis, el texto es una obra producto de un Coloquio que se realizó en 2011 pero que al leerlo, produce la idea de pensar que lo que se narra es algo que está pasando en este momento en el país.


Referencias

Bercovich, Susana, Cruz, Salvador, (coord.), Topografías de las violencias. Alteridades e impasses sociales, El Colegio de la Frontera Norte: Tijuana, 2015, 190 pp.

Monárrez Fragoso, Julia E.” Violencia extrema y existencia precaria en Ciudad Juárez”. Frontera norte, 24(48), 2012, pp 191-199. <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-73722012000200008&lng=es&tlng=es&gt;  consultado el 23 de mayo de 2016.

 

 

Vincent van gogh y su locura por el color.

Guadalupe Angulo Valencia

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Universidad Autónoma de Baja California

Lic. en Historia


el sembrador
El sembrador a la puesta del sol de Vincent Van Gogh pintada en Arles en 1888.

Hacia el último tercio del siglo XIX en Francia surge un movimiento artístico que rompe con el arte académico, el cual fijaba las reglas a seguir; se le considera un movimiento revolucionario por la manera en que representaban los efectos de luz y color, eliminaban los detalles minuciosos, se esfuerzan por captar la realidad, trasladando al lienzo la impresión particular del artista, el nombre de este movimiento fue Impresionismo, sus representantes principales fueron Edouard Manet, Edgar Degas, Claude Monet, Auguste Renoir, Morisot, Camile Pisarro, entre otros. De este se desprendieron dos movimientos más, el Neoimpresionismo y Postimpresionismo, este último tomó un camino distinto, buscaba que el color fuera representativo y subjetivo; el artista plasma su psicología en el cuadro, huyen de las ciudades y la realidad se representa según la visión del artista, uno de ellos fue Vincent Van Gogh, quien en los inicios de su carrera buscó ser impresionista pero luego se distancia de ellos, “En los cuadros de los impresionistas, Van Gogh advierte la fractura inicial que se va estableciendo entre arte y vida…los impresionistas miran a su alrededor con el ojo, y no el centro misteriosos del pensamiento…”, advertida esta fractura, Van Gogh toma otro camino.

    La expresión, Si un pintor pinta lo que ve, sigue siendo alguien, se encuentra en una de las cartas que Van Gogh escribe a su hermano Theo; si uno contempla las pinturas del artista tenemos la certeza de que no las pintó “alguien”, las pintó a quien considero un genio del color que plasmó en su obra, no solo los azules, amarillos, rojos, verdes, sino que intentó ver más allá de lo que su ojo percibía para captarlo en el lienzo, y es que Van Gogh era ante todo un hombre de su tiempo, es decir, estaba consciente del contexto político, social y cultural que lo rodeaba, y fue esa conciencia lo que marcó su vida.

    El presente texto muestra una semblanza del pintor conocido como Vincent Van Gogh, a quien se le ubica en la corriente postimpresionista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX; aporto algunos datos biográficos, experiencias personales que contribuyen a acentuar su carácter melancólico y depresivo; las influencias que recibió de otros artistas; los distintos estilos que fue adoptando durante su carrera, sus pensamientos, sus relaciones familiares, en especial la que sostenía con su hermano Theo; revisaremos un par de obras para tratar de descubrir la evolución de estilo y técnicas con que experimentó.

    El nombre Van Gogh remite, para la opinión generalizada, no solo la creación de pinturas inigualables y de una técnica que marcó vanguardia, sino además el de locura;  aun sin contar con un conocimiento amplio de Historia del Arte, es de todos sabidos que Van Gogh padecía de un serio problema mental, era según el consenso popular, un loco. Las interpretaciones de distintos autores aquí abordados nos permiten reconsiderar esta postura, ¿padecía de esquizofrenia?, o es que la ciencia de la medicina a finales del siglo XIX, en especial la psiquiatría, no había avanzado lo suficiente para diagnosticarle algún otro padecimiento  —¿podrían los médicos de hoy haber dado un diagnostico distinto?—,  de que era un hombre enfermo no cabe la menor duda, pero una persona con la enfermedad mental que se dice tenía Van Gogh ¿fue capaz de producir la cantidad de arte que produjo en su corta vida como artista? Esa pregunta la hace uno de los autores consultados, pero sirva un dato para meditar al respecto, fueron 879 lienzos, 1756 dibujos y 821 cartas escritas, el producto de esta mente enferma, todo en un periodo de aproximadamente diez años.

    Conocer al artista y su entorno, sus relaciones personales, sus inquietudes, sus temores, su experiencias y su búsqueda por encontrar lo que estaba más allá de lo que se veía, nos pueden ayudar a comprender mucho más al hombre, al artista, pobre sería calificarlo con títulos como pintor postimpresionista o artista de vanguardia, ya que estamos ante un verdadero genio del color, un hombre que buscó la verdad, pero que solo encontró soledad y enfermedad, sin embargo fue precisamente estas circunstancias que le permitieron legarnos una obra pictórica que trasciende la imaginación.

Una vida para pintar

Vincent Van Gogh nació en los Países Bajos, hoy Holanda, el 30 de marzo de 1853, sus padres fueron Theodorus, quien era pastor y con quien mantuvo una relación difícil; su madre fue Anna Cornelia, tuvieron seis hijos, Vincent el mayor, Anna Cornelia, Elizabetha, Wilherlmina, Cornellius y Theo, con quien mantuvo una correspondencia constante, fuente primaria de donde se puede extraer datos biográficos del autor desde su llegada a Londres en 1873 hasta su muerte en 1890, pero que además nos permite adentrarnos en sus pensamientos y ansiedades.

    En Londres trabajó en la Casa Goupil, una galería de arte, donde llega en junio de 1873, tenía veinte años de edad, previo a esto había estado en La Haya cuatro años; en la galería mostró una excelente disposición para el trabajo, pero tras una decepción amorosa que lo sume en una depresión descuidando sus labores, por tal motivo es trasladado a París, de donde fue despedido. En 1877 viaja a Ámsterdam, se inscribe en la Facultad de Teología pero abandona los estudios; regresa a Etten, a la casa de sus padres, en el otoño de 1878, entra en la escuela del Pastor Bockman en Laeken, para convertirse en predicado; terminados sus estudios, el Comité de Evangelización lo rechaza; viaja a Wasmes, se instala en Paturagescerca de Mons, y tras la entrega que muestra en su trabajo pastoral, atendiendo a los mineros y los pobres, el Comité decide concederle una comisión por seis meses; cuando se le retira dicho nombramiento empieza a vivir entre los mineros, sin el sueldo que le otorgaba el Comité, experimenta una extrema pobreza de donde es rescatado por su padre. Este tiempo es decisivo en la vida de Van Gogh pues ahí suceden dos cosas: descubre su vocación por el arte y empieza su dependencia económica, de su hermano Theo.

      En 1881 se traslada a Neunen, es ahí donde pinta el Comedor de Patatas, además de ciento noventa y cinco pinturas y poco más de doscientos cuarenta dibujos en los que representaba la vida de la aldea; nuevamente sufre una decepción amorosa, tiene por esta razón un intento de suicidio. En 1885 muere su padre, poco después viaja a Amberes para matricularse en la Academia, pasa su tiempo entre el museo y visitando burdeles, es aquí donde descubre las estampas japonesas que influyen sus cuadros de flores y naturaleza, se fascina con las pinturas de Rubens. Finalmente viaja a París, en marzo de 1886 y en septiembre de 1888 viaja hacia el sur de Francia, a Arlés.

     Mientas vive en Arlés tiene lugar uno de los pasajes más famosos en la vida del artista; el 20 de octubre llega Gauguin a visitarlo, “…Vincent lo aceptó como el “padre de familia que es en realidad,” las discrepancias no tardaron en surgir y pronto se hizo evidente que la vida en común era imposible.” La noche del 23 de diciembre habían asistido al café donde se produce un altercado, al regresar a casa Gauguin le comunica a su amigo que regresa a París, Van Gogh reacciona lanzándosele con una navaja de afeitar, cuando Guguin sale de la casa, Vincent decide, entonces, cortarse la oreja.

    Durante los primeros meses del año 1889 la salud del pintor se empieza a deteriorar, padece de alucinaciones, imagina que lo quieren envenenar, deja de comer y sólo bebe café y alcohol; de forma voluntaria, ingresar al manicomio, solo pide lo dejen pintar; Van Gogh toma conciencia de que su locura no lo abandonaría jamás, y de igual forma lo entendió su hermano, por lo cual decide trasladarlo a Auvers-sur-Oise, cerca de París; ahí entra en un periodo de trabajo intenso, en sesenta y nueve días que permaneció en ese lugar pintó setenta cuadros, treinta y cinco dibujos y un aguafuerte.

Definiendo un estilo

Van Gogh inicia su trabajo como pintor en octubre de 1880, donde se inclina por un “realismo preciso” con un alto contenido social, es influenciado por Millet, Coubert y Daumier, de éste último “…amaba sobre todo, su modo amplio y sencillo y su capacidad de captar sin vacilaciones el centro del propio argumento…”. Esta admiración por el estilo tipo caricatura lo constatamos en el Comedor de patatas, pintado en 1883, en él representa el drama de obreros y campesinos, con quienes convivió durante su tiempo como pastor, y a quienes se sentía comprometido a pintar debido a la gran admiración que le provocaban y a la pena que sentía por la situación social que experimentaba esta clase social, desea ir más allá de la caricatura del estilo Daumier, y lograr en la obra una concentración más dramática.

    De acuerdo a Georges Roque estamos frente a “…uno de los pintores más cultos de su tiempo…” (Roque, 1997, p.78); en París se suscita en el pintor un cambio de estilo, influenciado por la lectura del crítico de arte decimonónico Charles Blanc, quien en su libro Les Artistes de montemps, afirma de Delacroix, ser un artista que pone atención  a las leyes científicas del color y lo demuestra aplicándolas sistemáticamente a sus obras;  se convierte así Delacroix en su nuevo “héroe,” e  intenta estudiar el color enfocándose en los conceptos de “contraste simultaneo” y el de “complementariedad”.

    En Arlés  trató de reconciliar a Delacroix con uno de sus antiguos maestros, Millet y es cuando se lanza a pintar El Sembrador, donde muestra su uso del color, toma de aquel al campesino trabajando y de Delacroix el interés de lo “cromático por los contrastes complementarios”, es pues este lienzo una conjunción entre la representación del drama humano y el uso del color lo que siempre anheló hacer, era de suma importancia que los colores fueran más allá de representar solo formas, es darle a cada pintura un significado o una simbología. Cada color utilizado significaba para Van Gogh la posibilidad de presentar un sentimiento: angustias, temores, el drama del minero y del campesino, la soledad; en sus cuadros no busca la impresión sino la expresión. En definitiva el color fue para Van Gogh un medio para expresar sus más intensas pasiones.

Conclusión

Para conocer al artista es necesario conocer su contexto socio-histórico, sus relaciones personales, sus inquietudes, sus temores, sus experiencias; en el presente trabajo, a través de un recuento breve de su vida se puede advertir que en efecto Van Gogh fue un hombre de su tiempo. Cuando llega a Paris en 1886 lo guiaban sus ideales revolucionarios, esperaba encontrar ahí resabios de 1848 y encontrar un arte realista, del cual se sentía parte, pero lo que encontró fue muy diferente. En París se da cuenta que los impresionistas están divididos y pelean entre ellos, les llama “desechos de la sociedad”, este ambiente, al igual que todas las demás experiencias vividas, marcaron su vida y su quehacer como pintor.

    No estamos ante un artista en busca de un estilo, quiere ir más allá; de Daumier quiere imitar las caricaturas pero para impregnarlas de un significado social; estudia a Delacroix, Millet, y Courbet; la lectura de Charles Blanc lo lleva al estudio del color; descubre las estampas japonesas e intenta aplicar la técnica en sus flores en jarrones. No estamos solo ante un pintor de vanguardia, Van Gogh fue un genio del color pero en su genialidad halló la locura y soledad, la única forma de aliviarse un poco fue a través de la pintura, a la que se volcó como “loco”;  Van Gogh no fue “alguien”, fue el pintor que intentó ver más allá de lo que percibe la mirada, el que utilizó los colores, los amarillos, verdes, azules, cafés, naranjas, para expresar los sentimientos humanos. Van Gogh se dispara en el pecho el 27 de julio y muere en la madrugada del 29 de julio de 1890, ¿quiso acaso llamar la atención?, o intentaba realmente acabar con su vida, la cual consideraba llena de soledad, de fracasos, una vida inútil.

    El cuadro de Van Gogh denominado Los Girasoles se vendió en marzo de 1987 en la Galería Christies de Londres por 39.9 millones de dólares, se considera que hoy podría venderse por una cantidad mucho mayor. Cuando pensamos en Van Gogh estamos, sin duda alguna, ante un pintor de vanguardia, que sentará las bases de los estilos artísticos del siglo XX, pero sobre todo estamos ante un artista que no sólo pintó lo que vio, sino que fue más allá de lo que los ojos perciben, él se sumerge en el drama humano para captarlo a través de su paleta de colores, fue un pintor que no se contentó con ser “alguien”.


Bibliografía

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Glosario Gráfico, http://www.glosariografico.com/contraste_simultaneo, consultado el 23 de mayo de 2016

Psicología del color, http://lapsicologiadelcolor.weebly.com/por-complementariedad.html, consultado el 23 de mayo de 2016.

Introducción a Julio 2016

En este mes de julio Ideas Presentes trae para ustedes los siguientes tres números: Por parte de nuestra colega Deise García Niño presenta los postulados del filósofo Italiano Giambatista Vico quien estableció la teoría de la historia a partir de  los “Principios de una Ciencia Nueva”,  ¿Qué es lo que propone y qué significó la historia humana para el filósofo jurista? son algunas de las interrogantes que nos expone: Teórico de la historia: Giambattista Vico.

Por otra parte tenemos la reseña  de Topografías de las violencias. Alteridades e impasses sociales, de Bercovich, Susana; Cruz, Salvador”, realizada por el colega Antonio Balderas, en la cual pone énfasis en la manera de pensar y repensar la violencia que recubrió principalmente en los años noventa en Ciudad Juárez. Este texto invita a conocer las clasificaciones del feminicidio, género, clase social, origen, estéticas, mismidad, identidades transmediadas, sexismo hípster, machismo light; a su vez, busca responder ¿Cómo entender las violencias? Y ¿cómo entender las formas de las violencias?

Finalmente por parte de la colega Guadalupe Angulo Valencia  presenta a “Vicent Van Gogh y su locura por el color”.  Ubicando a Van Gogh dentro del postimpresionismo da la vanguardia, mismo que se buscaba que en el siglo XIX fuera el color representativo y subjetivo, donde el artista pudiera plasmar su psicología en el cuadro. Este texto es una invitación a la semblanza, a las experiencias personales que pudieron acentuar su carácter melancólico y depresivo, ¿De qué otros artistas tomó influencias? y ¿De qué manera se apropió de los distintos estilos que fue adoptando durante toda su carrera?

Ideas Presentes agradece su atención y los invita a seguir publicando para el siguiente mes de agosto. Les deseamos felices vacaciones.

Introducción a marzo 2016

Ideas Presentes continúa, en este mes de marzo nos complacemos en traer tres textos. Abrimos con Panorama histórico de la orden de dominicos en las colonias españolas de América 1770-1810 a cargo de Wilfredo Chávez, escrito que proporciona una visión general acerca de la presencia dominica en el “nuevo mundo” a fines del siglo XVIII e inicios del XIX. El autor menciona que “los conflictos por los que atravesaba la Orden Dominica en Europa fueron manifestándose también en los grupos hispanoamericanos con sus correspondientes particularidades”.

El siguiente escrito titulado La laicidad mexicana y el pluralismo religioso, a cargo del comité de la revista, analiza el pronunciamiento de las élites políticas mexicanas en lo referente a asuntos religiosos en la actualidad, también se hace una reflexión sobre la laicidad de México y el pluralismo religioso que cada día es más evidente en esta sociedad.

Cerramos el número con El observante y el observado: John Howell, an Indianapolis newsboy…” por el fotógrafo Lewis Hine (1874-1940)”, donde Aarón García realiza un análisis de una fotografía de Lewis Hine; además, dicho análisis se realiza a partir de las propuestas metodológicas de los autores Donis Dondis y Javier Marzal.

Ideas presentes les desea felices vacaciones de semana santa. De nuevo lanzamos la invitación a que colaboren con esta revista bajo los lineamientos que pueden ser consultados aquí mismo, así como también los invitamos a visitar nuestra página en Facebook/Ideas Presentes.

Panorama histórico de la orden de dominicos en las colonias españolas de América 1770-1810.

Wilfredo Chávez Moreno
Licenciatura en Historia


Contexto europeo de lo Orden de Dominicos a fines del siglo XVIII

 A fines del siglo XVIII comenzó un proceso de decadencia de la vida regular dentro la Iglesia Católica. En 1767 se expulsó a los jesuitas de los dominicos imperiales españoles, de ese modo se dio un golpe fuerte a la orden que tenía  mayor injerencia ante el papa. Podemos mencionar que esto se debió a la llegada de los Borbones al trono, lo cual trajo consigo un enfrentamiento entre el poder civil y el religioso; contienda en la que salió victorioso el primero sobre el segundo. De ese modo las reformas borbónicas fueron sometiendo a la Iglesia antes las autoridades laicas.[1]

En este mismo periodo se evidenció el conflicto entre los dominicos criollos y españoles en las colonias hispanoamericanas, por lo cual se intentó regula esta problemática cuando el papa Pío VII decreta la bula Inter Gravioris a inicios del siglo XIX. Esta ordenanza fue acatada de diferente forma en las provincias dominicas de América.[2]

En general, los conflictos por los que atravesaba la Orden Dominica en Europa fueron manifestándose también en los grupos hispanoamericanos con sus correspondientes particularidades.

Los dominicos en el Antiguo Reino de Guatemala

La presencia oficial de los dominicos en el Antiguo Reino de Guatemala es evidente desde 1529.[3] En ese territorio se implementó el método de la “conquista pacífica” a cargo de fray Bartolomé de las Casas. Los dominicos del Reino de Guatemala desde un inicio fueron consolidando su poder religioso, social y político. Esto a pesar de las desavenencias que trajo consigo el terremoto que destruyó el convento  principal en la Antigua Guatemala en 1773; ante esta catástrofe el convento fue trasladado a la Nueva Guatemala de la Asunción.[4]

La expansión dominicana en el Antiguo reino de Guatemala alcanzó mayor beneficio económico con respecto a otras órdenes religiosas. Esto fue posible mediante la fundación de tres haciendas productoras de azúcar, crianza de ganado y otros productos derivados. Los negocios de los frailes dominicos en Guatemala iban desde el comercio de esclavos y ganado hasta la producción de panela, aguardiente y posteriormente añil.

Entre las haciendas podemos nombrar las de San Jerónimo, localizada en el actual municipio del mismo nombre, la de San José Armenia, en el municipio de Palencia, y la del Rosario, en el de Amatitlán. Para aumentar la producción se importaron esclavos de África, lo cual a la vez generó otro negocio para la Orden. Los ingresos por la trata de esclavos junto a los tributos de los pueblos indígenas  y la productividad de las haciendas, generaron una considerable acumulación de efectivo que se invirtió en préstamos hipotecarios.[5]

En las últimas décadas del siglo XVIII los dominicos comenzaron a experimentar problemas de posicionamiento jerárquico en sus filas, motivados por un trato desigual en el repartimiento de los cargos entre los miembros de la orden de origen americano y peninsular, como ocurrió en la provincia de San Vicente debido al creciente número de religiosos europeos venidos del reino.[6]

En su mayoría, los americanos, también llamados criollos, eran designados para la administración de pueblos indígenas, haciendas  y parroquias ubicadas al interior del reino, mientras los peninsulares eran ocupados como catedráticos y en puestos de mando en el convento de la ciudad de Santiago, capital antigua del reino.[7] Esa problemática no fue exclusiva en la Orden de Dominicos, también fue evidente en todos los estratos sociales de las colonias españolas en América.

El hecho de que para fines del siglo XVIII un gran número de españoles ostentara  los principales cargos en la orden dominica, es resultado de la inestabilidad del imperio español, debido a las invasiones napoleónicas en el territorio peninsular que obligó a muchos españoles a replegarse al nuevo mundo, desplazando a los criollos de los puestos de mando dentro del aparato estatal y eclesiástico.

La procedencia de clase de los dominicos y su posición económica fortaleció su postura frente a la independencia política de España en dos vertientes totalmente distintas: una entregada a la causa monárquica, sobre todo radicada en la capital del reino, y otra a la independencia, representada por los conventos localizados al interior, donde destacaron los de Chiapas.

El terremoto de 1773, ya antes mencionado, obligó el traslado de la ciudad de Santiago a un nuevo asentamiento. Los dominicos fueron la primera orden en aceptar el traslado, demostrando así su cercanía con las autoridades reales.  Sin duda, el empoderamiento que la orden obtuvo en el siglo XVI, XVII y XVIII, fue propiciado por la cercanía que tuvo con las autoridades civiles.

El cambio del convento de Santo Domingo después del terremoto dio pauta para materializar ciertos ideales  que permitieran promover la imagen de la Virgen del Rosario en la nueva iglesia de Santo Domingo de la Nueva Guatemala de la Asunción. Estos ideales fortalecieron su devoción bajo un estilo barroco tardío. La Virgen del Rosario era considerada un icono de la unidad religiosa y civil para los habitantes del Reino de Guatemala, por encima de estamentos étnicos, económicos y culturales.[8]

En la construcción y aderezo de la iglesia de Santo Domingo de la Nueva Guatemala de la Asunción intervinieron los más notables arquitectos y artistas de la época, quienes plasmaron en su obra el estilo neoclásico, sin abandonar del todo el barroco, lo cual en realidad escondía la decadencia de la nobleza que se negaba a dejar los privilegios de un sistema de vida que le favorecía ampliamente.

Por otra parte, la provincia también atravesaba grandes problemas de otra índole, por ejemplo, hacia 1748 su personal era de 231 religiosos, de los cuales 201 eran criollos y 30 españoles. En contraste, en 1808 contaba con 77 religiosos, divididos en 38 criollos y 39 españoles.  La jerarquía eclesial era de origen peninsular y, al parecer, ellos se sentían mas seguros en sus puestos con el régimen español que con una eventual  independencia.[9]

En la provincia de San Vicente la recomposición de fuerzas entre los frailes peninsulares y los criollos culminó con la división de la provincia, la cual dio origen el 29 de enero de 1814 a la provincia de San José de Chiapas, cuyo primer capítulo general se celebró el 25 de abril de 1815.

El movimiento independentista que alentó la fundación de la provincia de San José también identificó con el proceso  de la independencia local de Chiapas y con la adhesión al Imperio Mexicano, en el que las fuerzas políticas en torno a la independencia y al papel de la iglesia en general, y de la Orden de Predicadores en particular, eran diferentes a los del Antiguo Reino.

Los dominicos en Chile

En la provincia chilena de San Lorenzo Mártir no se practicó la ley de “alternancia” en el gobierno,[10] como sí en la Nueva España, Guatemala o Ecuador. La historiografía sostiene que las reformas Borbónicas se aplicaron en toda América, específicamente aquellos puntos relacionados al impulso de las limitaciones de acceso de los criollos a los cargos de gobierno civil y eclesiásticos. Sin embargo, no fue así en el caso chileno. Las plazas chilenas, tanto civiles como eclesiásticas, continuaron en manos de los criollos debido a que los españoles no acudían a tomar posesión de ellas.[11]

Entre 1760 y 1810, en el universo de 206 fraile chilenos, 48 eran agustinos, 96 franciscanos, 40 mercedarios, y 22 dominicos. Es de resaltar que en Chile, como también en Argentina, en la segunda mitad del siglo XVIII se registró un mayor número de dominicos americanos que europeos.

Provincia de San Lorenzo

La provincia de San Lorenzo en Chile no era muy numerosa y estaba repartida en pocos conventos: el de Nuestra Señora del Rosario, llamado la Casa grande; el hospicio de Quillota, en 1727, al que a partir de 1767 se le sumo un terreno e iglesia de los jesuitas expulsados; el de la Recolecta Dominica en Santiago, en 1753, y la Casa San Vicente Ferrer, en Apoquindo, también en Santiago, en 1811.[12]

Dominicos en Argentina

La provincia de Argentina fue fundada en 1724. En contraste con los conflictos de la orden en Europa, los dominicos en Argentina experimentaron sus mejores tiempos a fines del siglo XVIII. Dicha provincia contaba con siete conventos: Bueno Aires, Córdoba, Asunción, Santa Fe, Santiago de Estero, La Rioja y Tucumán. Poseía tres noviciados  y tres estudios generales: Buenos Aires, Córdoba y Asunción, y poseía unos doscientos religiosos aproximadamente.[13]

La gran mayoría de los religiosos de la provincia eran nacidos en el país. Los dominicos ibéricos por lo regular habían llegado en su infancia o juventud, para después ingresar a la orden. Por tanto aceptaron los pensamientos independentistas.[14]

El padre José Díaz fue el único Vicario General ibérico con autoridad en la Provincia de Argentina, ya que el movimiento independentista iniciado en 1810 prohibió toda dependencia de superiores extranjeros.

Una buena parte de sus sacerdotes se ocupaban de misiones y de parroquias, tenencias y capellanías en la campaña o en las fronteras con los indios. En 1797 se fundó el Colegio Domestico Santo Tomas de Aquino en el Estudio General de Buenos Aires. En la segunda década del siglo XIX, ya no se recibían dominicos procedentes de la península ibérica. Ni en Argentina, ni en las nuevas naciones hispanoamericanas.[15]

Los dominicos en Nueva España

En la segunda mitad del siglo xviii se desencadenaron acontecimientos que fueron debilitando paulatinamente a la orden de Predicadores de Nueva España. En 1745 la provincia de Santiago de México administraba 12 conventos: el Imperial de Santo Domingo de México, Santa María de la Piedad, Santa María del Rosario en Guadalajara, Santa Cruz en Zacatecas, Nuestro Señor Jesucristo en San Juan del Río, Santos Apóstoles Pedro y Pablo en Querétaro, Santa Rosa en Sombrerete, San Juan Bautista en Coyoacán, Asunción de la Virgen María en Amecameca, Santos Apóstoles Felipe y Santiago en Azcapotzalco, Santo Domingo en Tlaquiltenango y Santiago Apóstol en Cuautla. Sin embargo, para 1782 se abandonaron tres conventos: el de Tlaquiltenango, Cuautla y Amecameca. Simultáneamente, en el transcurso de la segunda mitad del siglo xviii, con la secularización de las parroquias, los dominicos perdieron todas sus casas-vicaria hacía 1792.[16]

Un elemento más que muestra el paulatino declive de la provincia de Santiago es la disminución de religiosos en Nueva España que plasmaron los capítulos generales en esa temporalidad: en 1745 había 267 religiosos, en 1773 eran 239. En 1782 sólo 195 religiosos y en 1796 únicamente 168; esa tendencia se recrudeció al inicio del siglo xix.[17]

Aludiendo a las misiones que administraron en esa temporalidad, de 1745 hasta 1760 pasaron de tener tres a solo una misión; no obstante, con la expulsión de los jesuitas de la Antigua California en 1768, y gracias a los resultados de las negociaciones entre los franciscanos y dominicos en el concordato de 1772, la provincia de Santiago se quedó en posesión de las misiones de la Antigua California, además tuvo la encomienda de fundar otras más en la llamada región de “La Frontera”.[18]

Por lo antes mostrado, es perceptible la poca primacía de la labor misionera de la provincia de Santiago de México durante el siglo xviii. Esta idea se refuerza al considerar que todas las gestiones realizadas ante la Corona y la Iglesia para que los dominicos se hicieran cargo de las misiones de la península de Baja California, fueron gracias a la iniciativa personal del procurador dominico Juan Pedro de Iriarte y Laurnaga, de origen español.

Conclusión

A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX la Orden de Predicadores entró en una etapa de decadencia en casi todo el orbe, las razones se atribuyen a los efectos de las reformas Borbónicas y de la Ilustración en Europa. Los dominicos no solamente fueron los afectados, también lo fue la Iglesia Católica en general. Dichas problemáticas fueron reproduciéndose en las provincias dominicanas de las colonias españolas en América durante esta misma temporalidad; sin embargo, las afrontas no fueron semejantes en todos los casos.

Como hemos visto, los dominicos de las diferentes colonias hispanoamericanas resintieron de forma particular los efectos de las reformas eclesiásticas y borbónicas. Por un lado está el caso de Nueva España, el reino de Guatemala o Ecuador, donde hubo un número muy equilibrado de religiosos españoles y criollos, razón por cual en estos lugares se buscó cumplir la ley de “alternancia”. Cabe hacer mención que estas provincias resintieron en mayor medida las problemática que la Orden tuvo en Europa. Por otro lado, las provincias de Chile o Argentina se conformaron por un mayor número de dominicos criollos y en consecuencia la ley de “alternancia” no fue aplicada. Dentro de estos dos últimos casos, es interesante ver que los religiosos dominicos de Argentina experimentaron una etapa de progreso a fines del siglo XVIII a diferencia de todas las provincias antes mencionadas.


 

[1] José Barrado Barquilla, OP., “Notas sobre la decadencia y el resurgir de la Orden de Predicadores en Iberoamérica. Siglo XVIII-XX”, en José Barrado Barquilla, et al., (coord…,), Los dominicos y en nuevo mundo siglo XIX-XX, Actas del Vo Congreso Internacional, Querétaro, Qro. México, 4-8 septiembre 1995, Editorial San Esteban, Salamanca, 1995, pág. 65.

[2] Ibid., pág. 70-71.

[3] Rodolfo Esteban Hernández Méndez (coord.), “La orden de los Dominicos en el reino de Guatemala, 1535-1700”, Guatemala, Dirección General de Investigación, Escuela de Historia, Instituto de Investigaciones Histórica Antropológicas y Arqueológicas, 2000, pág. 24.

[4] Anónimo, “Terremoto de 1773 Guatemala”, Provincia San Vicente Ferrer, Dominicos en Centroamérica, 2014. URL: http://dominicosca.com/gt/sitio/historia/terremoto-de-1773-en-guatemala/

[5] Fernando Urquizú, “Los dominicos  y la independencia del Antiguo Reino de Guatemala”, en Eugenio Torres Torres (coord.), Los dominicos insurgentes y realistas, de México al Río de la Plata, México D.F., Miguel Ángel Porrúa-Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas-IDIH-Fondo José Antonio García Luque-La serie Historia, 2011, pág. 608-610.

[6] Ibíd., pág. 612

[7] Ibíd.

[8] Juan Rodríguez Cabal, La iglesia de Santo Domingo, Guatemala, Guatemala, Tipografía de Sánchez, 1934, pag.24.

[9] Ibíd., pág. 624

[10] Lucrecia Enríquez, Paula Giménez y José Manuel Castro, “La Orden de Predicadores en la independencia de Chile y en la República decimonónica”, en Eugenio Torres Torres (coord.), Los dominicos insurgentes y realistas, de México al Río de la Plata, México D.F., Miguel Ángel Porrúa-Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas-IDIH-Fondo José Antonio García Luque-La serie Historia, 2011, pág. 473.

[11] Ibíd., pág. 477.

[12] Ibíd., pág. 477-478.

[13] Rubén González, “La Orden Dominica en Argentina en el siglo XIX”, ”, en Eugenio Torres Torres (coord.), Los dominicos insurgentes y realistas, de México al Río de la Plata, México D.F., Miguel Ángel Porrúa-Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas-IDIH-Fondo José Antonio García Luque-La serie Historia, 2011, pág. 501.

[14] Ibíd., pág. 504.

[15] Ibíd. pág. 505.

[16] En 1745 la provincia de Santiago contaban con 21 de estas parroquias, en 1760 tenían 10, en 1773, cinco, en 1782 tan solo dos, y para 1792 no administraban ninguna de ellas. Véase Cristóbal A. Sánchez Ulloa, “Fray Servando de Santa Teresa de Mier Noriega y Guerra, la Orden de Predicadores y la Ciudad de México, 1780-1795”, en: Los dominicos insurgentes y realistas, de México al Río de la Plata, (ed.) Fray Eugenio Torres Torres (México, D.F., Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH), Miguel Ángel Porrúa, Fondo José Antonio García Luque, 2011), 285-286.

[17] Ibíd, 286.

[18] José Alejandro Aguayo Monay, “El concordato franciscano-dominico de 1772: negociaciones sobre la división misionera de las californias”, Meyibó, núm. 5, enero-junio de 2012, pág. 129.


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