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El poblado de La Presa Abelardo L. Rodríguez

Por José Adán Pérez Olivo

Estudiante de 6to semestre de la Licenciatura en Historia

Facultad de Humanidades, UABC

Fotografía: propiedad de Jesús Silva Rangel, Vaso de La Presa Abelardo L. Rodríguez, década de 1950,Tijuana, Baja California.

Fotografía: propiedad de Jesús Silva Rangel, Vaso de La Presa Abelardo L. Rodríguez, década de 1950,Tijuana, Baja California

Fotografía tomada a finales de la década de los cincuenta, en la que aparecen de izquierda a derecha: Jesús Silva Rangel, Lino Herrera y, sin camisa, Julio Bello Guinar; en esos años, el primer gobernador de la entonces Baja California Norte, Braulio Maldonado terminaba su periodo administrativo. La cortina de La Presa Abelardo L. Rodríguez había sido concluida 25 años atrás, transformando lo que antes era una zona de rancherías en un poblado pequeño de 500 habitantes aproximadamente; alejado del centro de Tijuana, este lugar trataba de ser autosuficiente. No obstante el aislamiento, en este microcosmos que era el poblado de La Presa, surgieron problemas que caracterizan al proceso de urbanización de una sociedad que antes era básicamente rural.

La mayoría de los jóvenes realizaban sus estudios hasta la secundaria, pues ir a la preparatoria  era complicado. Significaba un viaje largo hacia las pocas escuelas que había y de transporte público sólo contaban con un camión que salía a las 10 de la mañana hacia el centro, así que muchos de ellos preferían buscarse un trabajo, como fue el caso de quienes se encuentran en la fotografía; fueron pocos los de esta y otras generaciones que realizaron una carrera universitaria por falta de oportunidades. Para los jóvenes del poblado, los lugares de esparcimiento eran escasos; ir a la Avenida Revolución o al cine eran ocasiones aisladas que tenían que planearse con tiempo, mejor optaban por organizar fiestas y reuniones en casa o en lugares como el vaso de la presa.1

Influenciados por la cultura chicana, en La Presa hizo su aparición el pachuco, originario de Los Ángeles, calificado por Octavio Paz como el “clown impasible y siniestro, que no intenta hacer reír y que procura  aterrorizar”,2  que buscaba revelarse y distinguirse de los demás. Julio Bello, era uno de los personajes más notorios del lugar, pues además de su estilo de vestir, su familia estaba vinculada con organizaciones traficantes de drogas; era también de los pocos que contaban con carro y por eso era buscado por los jóvenes para dar la vuelta y pasarla bien. Para la década de los setenta la familia de los Bello se había ido de La Presa, unos terminaron en la cárcel, otros fueron asesinados; sin embargo el problema del narcotráfico continúa estando presente hasta nuestros días.

En los años cincuenta muchas de las zonas de lo que hoy es Tijuana, estaban siendo transformadas por las dinámicas económicas, sociales y culturales que trajo consigo el desarrollo urbano de la ciudad y La Presa Abelardo L. Rodríguez sólo era un ejemplo de ello.3

Notas:

1. Hoy en día este lugar sigue siendo punto de encuentro de muchos jóvenes que viven en los alrededores y especialmente los domingos se llegan a juntar una buena cantidad de personas.

2. Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Posdata y Vuelta a El Laberinto de la soledad (México: Fondo de Cultura Económica, Colección Popular, 2005), 18.

3. La información fue obtenida de las entrevistas a Jesús Silva Rangel, Raymundo Cota Romero y José Adán Pérez Barajas, llevadas a cabo en mayo y junio de 2012 realizadas por José Adán Pérez Olivo.

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