Paquimé: los laberintos del México Prehispánico

Montserrat Espíndola Hernández

Licenciatura en Historia

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – UABC

4to. Semestre

Hablar acerca de la cultura de Paquimé es también reflexionar acerca de la capacidad del hombre para adecuarse a las manifestaciones de la naturaleza. Es cierto que la población en la zona de Aridoamérica era escasa a comparación de Mesoamérica pero eso no impidió que también en esta área se desarrollara una cultura rica en arquitectura, cerámica y creencias.

Los grupos que encontraron en la recolección de plantas silvestres su forma principal para subsistir han recibido el nombre de Culturas del Desierto. De ellos nació la cultura de Paquimé o también llamada de Casas Grandes que se convirtió en el centro más importante externo a Mesoamérica.

Las Culturas del Desierto dieron pie al surgimiento de la cultura mogollón la cual forma parte del suroeste de Estados Unidos. Los grupos de esta cultura llegaron a la altiplanicie y fue en el año 700 d.C. en que la Cultura de Paquimé comenzó a desarrollar pequeñas aldeas con casas semisubterráneas. Abandonaron las cuevas entre los años 1000 a 1100 d.C. y a partir de eso surge el florecimiento cultural de Casas Grandes.

“Durante el período más antiguo, la gente de Casas Grandes se agrupó en pequeños poblados que carecían de defensa, situados en las altas terrazas cercanas a sus campos de cultivo. Sus casas eran sencillas, agrupadas alrededor de una gran estructura circular de carácter ceremonial, semisubterránea, conocida como “kiva” según la terminología de la cultura mogollón. Los poblados se establecieron a lo largo del borde del norte de México y su desarrollo cultural fue más rápido que los que se localizaban más al norte, debido a la proximidad con Mesoamérica.”1

Hay una propuesta que divide cronológicamente las diferentes etapas que vivió Paquimé hecha por el arqueólogo americano Charles Di Peso:

  • Periodo viejo (700 a 1060 d.C.) – Fase Convento (700 a 900 d.C.), fase Pilón (900 a 950 d.C.), fase Perros Bravos (950 a 1060 d.C.)

  • Periodo medio (1060 a 1340 d.C.) – Fase Buena Fe (1060 a 1205 d.C.), fase Paquimé (1205 a 1261 d.C), fase Diablo (1261 a 1340 d.C.)

  • Periodo tardío (1340 a 1660 d.C.) – Fase Robles (1340 a 1519 d.C.), fase de los Contactos Esporádicos con los españoles (1519 a 1660 d.C.)

  • Periodo de los españoles (1660 a 1821 d.C.)

La arquitectura del período viejo se compone de casas simples, que posiblemente eran construidas para que ahí habitaran las familias normales, y de casas comunales con la posible función de albergar las reuniones grupales.

En las construcciones hechas en la fase de Pilón utilizaban la misma técnica para su creación pero tenían un acabado no tan bueno. Las casas comunales eran de mayor magnitud y su techo era reforzado con fibras vegetales, por ello reforzaban con troncos gruesos clavados en el centro del lugar.

Durante la fase Perros Bravos el número de casas aumentó y en el tipo de construcción se hace notar la mejora en los acabados como los pisos que fueron recubiertos de lodo amasado. Ahora las casas estaban hechas de manera cuadrada y eran colocadas de manera adyacente unas a otras.

En el periodo Medio el modo de construcción es más amplio y refinado, comienzan a introducir cierto tipo de mobiliario como camas y estufas y crearon un excelente acueducto para que todas las viviendas contaran con agua limpia.

Durante la primera fase, Buena Fe, las casas se caracterizaban por ser de un solo piso, sus puertas eran en forma de “T” de pequeñas dimensiones; se sospecha que la razón de ese tamaño es porque se utilizaba como un método de defensa.

En la fase Paquimé la población crea actos ceremoniales y los complementa con la construcción de montículos inspirados en las nuevas formas de aculturación que se crearon a partir de las relaciones comerciales con Mesoamérica. Entre esos montículos están: el Montículo de la Cruz, el Montículo de la Ofrendas, el de los Héroes y el del pájaro. También se practicaba el juego de pelota.

La expansión más grande también sucedió durante esta fase y su rasgo más característico puede encontrarse en las construcciones de varios pisos que acobijaban a las familias, gracias a esta función han sido comparables con los condominios de hoy en día.

Durante la fase Diablo se muestra una decadencia y el parcial abandono de la ciudad posiblemente a causa de la presencia de grupos enemigos como los ópatas (grupo que se encontraba en Sonora hasta la época de la Colonia) que atacaron severamente a Paquimé en 1340.

Se menciona que uno de los motivos principales que impulsó a los españoles a explorar el norte de la Nueva España fue lo que se contaba acerca de una ciudad mítica llamada Cíbola. La leyenda decía que en ese lugar existían grandes riquezas, principalmente en oro y piedras preciosas, que fue la causa de que exploradores españoles trataran de encontrarla durante siglos.2

Al tiempo que llegaron los europeos, Casas Grandes ya se encontraba abandonada y los grupos que se encontraron ahí al parecer llegaron después de la caída de la ciudad en 1340. En los Naufragios de Cabeza de Vaca parece que se hace una referencia en el capítulo XXXI al pueblo de Paquimé y los trueques que hacían con la gente de Mesoamérica:

“Entre estas casas había algunas de ellas que eran de tierra, y las otras todas son de estera de cañas; y de aquí pasamos más de cien leguas de tierra, y siempre hallamos casas de asiento, y mucho mantenimiento de maíz, y frísoles, y dábamos muchos venados y muchas mantas de algodón, mejores que las de la Nueva España. Dábannos también muchas cuentas y de unos corales que hay en el mar del Sur, muchas turquesas muy buenas que tienen de hacia el Norte; y finalmente, dieron aquí todo cuanto tenían, y a mí me dieron cinco esmeraldas hechas puntas de flechas, y con estas flechas hacen ellos sus areitos y bailes. Y pareciéndome a mí que eran muy buenas, les pregunté de dónde las había habido, y dijeron que las traían de unas sierras muy altas que están hacia el Norte, y las compraban a trueco de penachos y plumas de papagayos, y decían que había allí pueblos de mucha gente y casas muy grandes”.3

Alvar Núñez Cabeza de Vaca crea un relato naciente de una expedición que realizó en las ruinas de Casas Grandes durante el año de 1563 y es en este suceso donde por primera vez se nombra a la antigua ciudad como Paquimé.

Sin duda, Paquimé está rodeada de avances tecnológicos y una riqueza cultural enorme, además guarda entre sus muros la inteligencia de su pueblo y la maravillosa capacidad del ser humano para adaptarse a los desafíos que la naturaleza impone.


Paquimé. Guía oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia, pp. 7-8.

2 http://goo.gl/iGEym

3 Arturo Guevara Sánchez, Apuntes para la arqueología de Chihuahua (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1985), pp 93-94.

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