El puritanismo: origen de la conciencia norteamericana

por Julio Adrián Muñoz Núñez

Estudiante de 8vo semestre de la Lic. en Historia

Facultad de Humanidades, UABC

Estados Unidos presume ser un país libre, progresista y moralizante; una nación ejemplar, un perfecto pilar que deben admirar y asimilar las demás naciones. ¿Por qué nuestros vecinos del norte comparten ese sentimiento común? ¿Desde cuándo surgió esa ideología?

Todo inició en la Inglaterra del siglo XVII, cuando el anglicanismo, religión establecida por Enrique VIII en la centuria decimosexta, dominaba la isla y ninguna otra creencia era tolerante. El rey Jaime I, quien era la máxima autoridad política y eclesiástica, decretó políticas represivas y ordenó persecuciones contra el puritanismo, religión protestante de origen inglés que estaba en oposición a la Iglesia anglicana, pues ésta conservaba las tradiciones católicas1.

El puritanismo es una rama de la doctrina calvinista. Según esta doctrina la Salvación es llevada por el poder de la Trinidad. El Padre elije a los que salva, desde antes de la fundación del mundo; el Hijo muere por ellos y no por todo el mundo; y el Espíritu Santo atrae a los escogidos a la fe y al arrepentimiento. Por medio de las buenas obras, los elegidos estarán en gracia con Dios y permanecerán en sus manos hasta que sean glorificados en la otra vida2. Los puritanos tenían una estricta moral, creían ser los escogidos para formar una sociedad ejemplar e idealizaban el trabajo como una ofrenda necesaria para obtener la bendición divina y ganancias materiales. Para llevar a cabo sus prácticas necesitaban migrar al Nuevo Mundo3.

En 1620 un grupo de esta congregación y otros no practicantes zarparon de Plymouth, Inglaterra hacia el otro continente a bordo del Mayflower. Los “peregrinos”, como se autonombraron los viajeros, arribaron en la Bahía de Massachusetts y establecieron una colonia. Los acontecimientos de intolerancia en Inglaterra obligaron a más puritanos a emigrar, formando pueblos a lo largo de los actuales estados de Massachusetts, New Hampshire, Maine y parte de Nueva York4

Estas comunidades procuraban vivir de una forma servil, honrada y dedicada a la oración; sus posturas económicas ordenaban que nadie malgastara su tiempo ociosamente. Si alguien no cumplía con los principios era castigado severamente5. Los puritanos pensaban que su alma se encontraba absolutamente pura a comparación de los otros, los no escogidos; sólo ellos se consideraban “santos”, los representantes exclusivos de Dios. Esa santidad, según la teología puritana, se heredaba de padres a hijos y podría durar por muchas generaciones6.

Los puritanos llevaron a cabo la evangelización de su doctrina. Trataron de integrar a los indios dentro de su religión. Algunos métodos fueron represivos y violentos como el caso del indígena Philip (Felipe) líder de la tribu wapanoaga, quien fue presionado por los colonos para que se tornase cristiano; él, fiel a sus tradiciones ancestrales, se opuso al cambio y respondió a la presión colona con una guerra. La guerra entre los indígenas y lo ingleses se prolongó cerca de un año (1675-76). Los europeos cometieron un gran genocidio y acabaron con la mayoría de la población nativa. La reacción opositora ante el cristianismo por parte de Philip fue un pretexto para tomar las tierras de la tribu, pero en realidad al evangelizador puritano no le importaba si los indígenas se convertían o no a la nueva fe monoteísta7.

A diferencia de los católicos españoles, quienes usaban técnicas de humildad, adaptación cultural y gran espíritu misionero, los puritanos no quisieron ver qué parte les fallaba en la evangelización ante la resistencia de los indios. Los nativos norteamericanos no eran súbditos de la corona (en oposición de los latinoamericanos), eso los exponía a las arbitrarias represiones de los colonos, hambrientos de tierras, pues éstas eran suyas por gracia divina8. La exclusión de los indios de sus tierras fue una práctica utilizada por los puritanos y, posteriormente, por las políticas estadounidenses.

Aunque los “peregrinos” no se expandieron por todo el territorio estadounidense, sus ideas de superioridad y predestinación se heredaron, y ayudaron a consolidar la conciencia nacional norteamericana. La doctrina del Destino Manifiesto es un claro ejemplo, ya que Estados Unidos se considera ser elegido por Dios para llevar a cabo la misión de regenerar la moral, la política y, sobre todo, la economía del mundo. A lo largo del siglo XIX, los norteamericanos lograron alcanzar grandes dimensiones territoriales, y a partir de la centuria vigésima, el país se convirtió en una gran potencia y en el símbolo del capitalismo, sistema económico heredado de los puritanos.

Notas:

1 Alan Brinkley, Historia de Estados Unidos. Un país en formación. (México, McGraw-Hall, 2003), 43-44.

2 Juan A. Ortega y Medina. La evangelización puritana en Norteamérica (México: Fondo de Cultura Económica, 1976),46.

3 María del Rosario Rodríguez Díaz. “Estados Unidos y su Destino Manifiesto” en El Destino Manifiesto en el discurso político norteamericano (1776-1849) (Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Instituto de Investigaciones Históricas: 1997), 26

4 Brinkley, Historia de Estados Unidos. Un país en formación, 41-42.

5 Carl N. Degler. Historia de Estados Unidos. La formación de una potencia. 1600- 1860 (España: Ariel, 1986),29.

6 Ortega y Medina, La evangelización puritana en Norteamérica, 47.

7 Degler, Historia de Estados Unidos, 32-33

8 Ortega y Medina, La evangelización puritana en Norteamérica, 127.

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4 comentarios

Archivado bajo 2012, Mayo

4 Respuestas a “El puritanismo: origen de la conciencia norteamericana

  1. SA

    HUY SISA, ESTA RECHIMBA TU TEXTO

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